Análisis Drunken Fist

Eastasiasoft Limited, pequeña desarrolladora de juegos indie, pretende recordar, con un tono distinto al tradicional, el género de los beat’em up con Drunken Fist.

Si ya estaba mal visto solucionar los problemas a golpe de puño o patada, en este juego daremos una nueva vuelta de tuerca. No sólo repartiremos mamporros a diestro y siniestro, si no que además lo haremos bajo los efectos del alcohol, en estado completamente ebrio.

Un poco de historia del género

Los beat’em up, también llamados «yo contra el barrio», llevan décadas entre nosotros. Sin duda los estandartes del género son los clásicos Double Dragon y Final Fight. Pero también cuenta con míticos como la saga Renegade, Vigilante, Tortugas Ninja… así como otras decenas de maravillas que Capcom, SNK o Konami nos trajeron en los años 90 del pasado siglo, la época dorada. Una época en la que reinaban en los ya desaparecidos recreativos (salones arcade), con gente haciendo fila para poder jugar.

Al género no le sentó muy bien la evolución de los gráficos a los polígonos y al 3d y, salvo honrosas excepciones, como The Warriors o God Hand, el género fue poco a poco desterrándose a un segundo plano y bajando su calidad hasta caer a los infiernos en una total decadencia. Esto fue de tal magnitud que llevó hasta su casi total desaparición y acabó relegado al desarrollo indie. Pero no hay mal que por bien no venga y el género evolucionó hasta los hack and slash, muy presentes hasta nuestros días y con Bayonetta o Devil May Cry, como principales exponentes.

La llegada el año pasado de Streets of Rage 4, secuela de las tres partes originales exclusivas de la MegaDrive de Sega, devolvió esplendor al género clásico trayéndolo de nuevo a un primer plano. Y es siguiendo estela donde surge Drunken Fist.

Pero… ¿Drunken Fist es en serio?

Drunken Fist nos pone en la piel de un hombre que vuelve a casa después de una noche de embriaguez. Para ello deberemos enfrentarnos a todo tipo de personajes, policía incluída, que no nos lo pondrán nada fácil . Este juego no tiene más historia que ésa. Nosotros controlamos al personaje totalmente afectado por los síntomas de un consumo excesivo de alcohol, mientras desfilamos por escenarios callejeros plagados de indeseables.

El juego es un beat’em up, pero con sutiles toques que hacen que la experiencia sea más estratégica. El protagonista se mueve y actúa en total estado de embriaguez y con enormes dificultades para mantener el equilibrio. Cuenta con una barra que indica su nivel de alcohol, que irá bajando progresivamente. Si ésta llega a bajar del todo, perderemos la partida. Tendremos botellas situadas en distintos sitios del escenario, pero habrá que estar atento para localizarlas y no dejarnos ninguna atrás.

Por supuesto también contamos con un marcador de vida, que puede rellenarse a base de hamburguesas (otro guiño a los clásicos beat’em up). Además nuestro protagonista no para de beber, y claro, necesitará orinar todo eso.

La orina además sirve como arma secreta. Los enemigos que pasen por encima podrán escurrirse y caer al suelo, perdiendo parte de su energía. Pero cuidado, nosotros también podremos resbalar con nuestra propia orina y acabar por los suelos dando lugar a situaciones realmente tronchantes.

Está claro que los autores del juego pretenden homenajear a un género clásico, pero con toques de humor constante que nos sacarán más de una sonrisa por lo ridículo de las situaciones que se generan.

Los polígonos vuelven a estar de moda

Los gráficos de Drunken Fist son los propios de la época mencionada líneas atrás, el de la transición de los gráficos a base píxeles a los polígonos. Esto ya ha sido retomado con éxito en el divertido Hot Shot Racing y su claro homenaje al clásico Virtua Racing, aunque obteniendo un mejor resultado que el presente.

Los escenarios y su iluminación están más suavizados y actualizados al presente. Pero los personajes son completamente poligonales recordando a otro clásico de las recreativas y de Sega Saturn: Virtua Fighter.

Éste quizás sea el punto más flojo del juego, que aunque le dota de cierta gracia, deberían haberse texturizado o al menos optimizado un poco ese aspecto tan poligonal. Es precisamente en este apartado gráfico donde encontramos uno de los problemas principales del juego.

Al estar cerca de paredes el personaje se queda «pegado» momentáneamente provocando que la cámara vaya incluso detrás de las paredes. Con ello se provoca una pérdida momentánea del personaje y de ubicación, que puede ser bastante molesta. A ello se unen otros bugs en personajes que pueden resultar hasta graciosos.

Una jugabilidad mareante

Los controles del personaje son muy básicos e intuitivos. Lo principal en este apartado viene en los controles. Y es que el alcohol provoca que los movimientos de nuestro personaje sean de todo menos normales. Mantener una línea recta mientras caminamos será algo casi imposible ya que vamos tambaleando por los efectos del alcohol. Además, al intentar ir rápido, podemos acabar con nuestra cara besando el suelo, con la consiguiente pérdida de energía.

Aquí es dónde entra cierto factor estratégico. Si no conseguimos botella a tiempo, perdemos la partida. Pero cuidado con las carreras, porque al caerte pierdes energía y si tenemos poca, también moriremos. Es éste factor estratégico lo que conseguirá que intentes una y otra vez superar las distintas fases.

Aunque parezca un juego con sentido del humor y a excepción de la primera fase, la dificultad va en aumento. El objetivo de cada escenario es acabar con distintos tipos de enemigos tales como chulitos universitarios, hipsters, oficinistas y los clásicos enemigos que no pueden faltar en todo beat’em up: punkis. A ellos se une la policía, a la que hay que evitar puesto que acabará contigo con facilidad. En ocasiones también hay que encontrar un objeto concreto para pasar al siguiente nivel.

Sí que echamos de menos la opción de jugar a dobles. Un modo de juego así, daría un poco más de profundidad y rejugabilidad al título.

Música y efectos

La música es uno de los puntos fuertes del juego. Se trata de composiciones propias muy del estilo de las que pueden poner en los tugurios en los que se ha movido nuestro personaje antes de volver a casa. Son instrumentales, pero esas composiciones metaleras y electrónicas resultan pegadizas y acabarás tarareando alguna de ellas.

Los sonidos también siguen ese tono humorístico presente en el juego. Los golpes y caídas suenan tan exagerados como si de una película de los carismáticos Bud Spencer y Terence Hill se tratase. A destacar cuando de un solo golpe bien dado acabas con el enemigo y escuchas un «Oh yeahhhh» que te sacará una sonrisa.

Conclusiones Drunken Fist

Dejemos clara una cosa. Evidentemente éste no es un juego en el que tengamos una historia profunda ni unos personajes muy desarrollados. Es un juego de desconexión entre nuestras sesiones de otros juegos más relevantes.

También conviene recalcar que es un juego para adultos pese al tono de humor. Y es que Drunken Fist no es precisamente un ejemplo de conducta. Tendremos que emborracharnos continuamente orinando en la vía pública mientras hacemos que otros muerdan el polvo sin contarse con el tema de la sangre.

Es por ello que no podemos dejar de recomendar este juego para adultos y que los más pequeños de casa estén alejados de la pantalla.

Si buscas un triple A olvídate. Si por el contrario buscas echarte unas risas, recordando tiempos pretéritos de un género que gusta por su diversión y sencillez, éste es tu juego.

Drunken Fist

7,99
6.1

Gráficos

5.0/10

Sonido

7.5/10

Jugabilidad

5.9/10

Pro.

  • Retoma un género clásico con nuevos y originales elementos
  • El gamberro sentido del humor del juego

Contra.

  • Bugs gráficos
  • Personajes excesivamente poligonales
  • Se echa de menos algún otro modo de juego

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